Nuestras evaluaciones de conocimientos básicos pueden ser un "encanto".
Leyendo a Hugo Aboites, sobre aspectos relacionados con la influencia de agencias externas (Banco Mundial) para estandarizar nuestro sistema de educación superior; encontré una prueba de la potencial ineficacia de éstas estrategias.
Podría parecer anecdótico, sin embargo está basado en la realidad en la aplicación de un instrumento formal y que decide el futuro de los estudiantes universitarios en ciernes.
Veámoslo con las propias palabras de Aboites: "Que alguien vaya a la UNAM o al CONALEP va a depender de preguntas que apenas reflejan lo que el joven realmente ha aprendido y conocido en esos nueve años y, sobre todo, lo que puede hacer con ese conocimiento. Identificar cuál es la importancia que, por ejemplo, tiene que ladren los perros en el cuento de Juan Rulfo puede ser una cuestión interesante para una discusión; pero puesta en la forma de un test de opción múltiple la pregunta sufre una extraña transformación. Así, esa pregunta, tomada del banco de reactivos del Examen único, aparece con cinco opciones de respuesta, pero ninguna coincide con la que el mismo Rulfo señala como la verdadera. El ladrido de los perros es para Rulfo, una esperanza que pudo haberse dado. Recuerden ustedes por favor la manera como aquel padre ha venido cargando a cuestas al hijo, trastabillando en la oscuridad y en el cerro, y buscando ese pueblo donde hay un médico. Su hijo Ignacio es un asesino y ahora se desangra herido de muerte, pero al final de cuentas, su hijo. Todo el tiempo el padre caminando con los oídos tapados con la tenaza de las manos desesperadas del moribundo cargado a la espalda, y todo el tiempo preguntando al hijo Ignacio si oía el ladrar de los perros. Y recuerden como por fin llega al pueblo, sin jamás oír nada, y recargándose en una casa, se libra de aquel pesado abrazo... Y entonces dice Juan Rulfo: Destrabó difícilmente los dedos con que su hijo había venido sosteniéndose de su cuello y, al quedar libre, oyó cómo por todas partes ladraban los perros. ¿Y tú no los oías, Ignacio? dijo. No me ayudaste ni siquiera con esta esperanza".
Y continúa en el siguiente párrafo: "Un joven que haya leído anteriormente el cuento y se haya conmovido con este final está en franca desventaja en el examen. Se desconcertará al encontrarse con que las únicas respuestas que permite el test al preguntar por la importancia del ladrido de los perros, reflejan una gran preocupación del evaluador por el comportamiento canino. Las respuestas son: A) Los perros ladran cuando reconocen a alguien, B) Los perros son amigos de los personajes, D) Los personajes conocían el ladrido de los perros, E) Los perros ladran cuando hay peligro, y C) [la correcta] Son la señal para encontrar el pueblo (es decir, los perros ladran a los extraños que se acercan). A esto se le llama 'comprensión de la lectura'."
Claro que la cita puede, como señala Aboites, contestarse correctamente y con facilidad si se ha leído el texto que en términos prácticos, la respuesta es correcta. Pero este tipo de ejercicio está mal seleccionado pues un texto tan abierto a la interpretación, que proviene de la humanidades dónde seguro que no buscan estandarizar el deleite estético, no tiene sentido que se encorsete solo para alcanzar el objetivo del clasificar olvidando la naturaleza legitima de este tipo de conocimiento. No hay una sola respuesta; aunque puedan encontrarse aproximaciones validas.
No sólo se le está pasando la factura al joven, que además poco sabe, de las implicaciones que tiene para su vida este trámite.
Y a quien realiza estos exámenes, el CENEVAL, se le paga tres millones de pesos. Debería cambiarse su papel y evaluar a los educadores del nivel básico. Pero no. Ahí les resguarda el sindicato de trabajadores. ¿No se ha fijado usted que casi no aparece en las noticias que algún investigador proporcione datos de este sistema?
Claro, es mejor apretar por donde se pueda (y a quién se deje), para hacer ajustes.
Aunque no sea los correcto y los costos se desplacen injustamente a grupos indefensos como los jóvenes con poco conocimiento de la vida, o por lo menos, sin la información suficiente para prever estas situaciones. Y, los pocos jóvenes que lo intuyen, tampoco están muy informados para exigir justicia; quedándose en la exigencia a gritos -que rayan en la agresión verbal sin fundamento- de mayor participación en un sistema que apenas conocen.
Así que cuando vuelva a escuchar que este tipo de test, ha demostrado que los adultos y/o universitarios han sido evaluados y se ha descubierto que no dominan aspectos del nivel básico, puede pensar que efectivamente la educación recibida -y lo que se considera de ésta en el test- fue mal transmitida; o bien, puede usted creer, y con justa razón, que dicho test no sabe lo que realmente debe ser aprendido y en el peor de los casos, que no es el adecuado para capturar esos finos matices del conocimiento necesario para alcanzar el desenvolvimiento necesario y adecuado en la vida profesional.
Al respecto, Aboites menciona un ejemplo: "No hace mucho, uno de estos exámenes de educación básica en la forma de opción múltiple, se aplicó a una muestra de profesores e investigadores de posgrado, maestros, doctores, de la UNAM, UAM, COLMEX, UIA y muchas instituciones más. Es decir, un grupo que claramente había demostrado su capacidad, interés y posibilidad de generar y difundir el conocimiento en la educación superior. En una escala de 0 a 10, el promedio fue un modesto 6. Juan Rulfo tenía razón, la realidad, las personas, la educación y la universidad, son mucho más complicadas que a, b, c, d or none of the above".